Comunales
Chañaral de Carén: Un huerto que cultiva aprendizajes, valores y amor por la tierra en la Escuela Carmela Prat
En una pequeña aula multigrado, donde seis estudiantes aprenden de manera colaborativa junto al profesor Eduardo Pérez Tapia, la educación ambiental se transforma en una experiencia que conecta las materias escolares con la naturaleza, las tradiciones rurales y la identidad de su comunidad. Desde 2026, el establecimiento cuenta además con excelencia académica, reconocimiento asociado a sus buenos resultados en el SIMCE 2024-2025.
En Chañaral de Carén, aprender también significa tocar la tierra, observar cómo nace una planta, cuidar cada brote y comprender que la naturaleza necesita tiempo, dedicación y respeto. Esa es parte de la experiencia educativa que impulsa el Colegio Carmela Prat, una escuela rural con 6 alumnos , que ha encontrado en los talleres de educación ambiental y los huertos escolares una valiosa forma de enseñar desde la realidad de su territorio.
En este establecimiento, donde seis estudiantes comparten un aula multigrado bajo la guía del profesor Eduardo Pérez Tapia, el entorno natural se convierte en una sala de clases abierta. Cada actividad representa una oportunidad para descubrir, experimentar y comprender que los conocimientos adquiridos en la escuela están estrechamente relacionados con la vida cotidiana.
La preparación del suelo, la siembra, el riego y el cuidado de las plantas son mucho más que tareas agrícolas. Son experiencias que enseñan a tener paciencia, asumir responsabilidades, trabajar en equipo y valorar los frutos del esfuerzo. Cada etapa del crecimiento de un cultivo permite a los niños y niñas descubrir que los resultados no siempre son inmediatos y que la constancia es fundamental para alcanzar una meta.
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Aprender haciendo, descubrir creciendo
En el huerto escolar, las asignaturas cobran vida. Las Ciencias Naturales permiten conocer los ciclos de las plantas, la importancia del agua, las características del suelo y el valor de la biodiversidad. Las matemáticas aparecen al medir espacios, contar semillas, registrar el crecimiento de los cultivos y resolver problemas concretos.
El lenguaje también encuentra nuevas formas de expresión a través de la elaboración de registros, instrucciones, informes y relatos sobre las experiencias vividas. Mientras tanto, la historia y las ciencias sociales permiten reconocer las tradiciones agrícolas, la relación de las familias con la tierra y la identidad que distingue a las comunidades rurales.
A través del arte, los estudiantes pueden representar los paisajes y la riqueza natural de su entorno, mientras que la tecnología abre posibilidades para crear soluciones sencillas que permitan cuidar los cultivos y aprovechar mejor el agua.
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De esta manera, el aprendizaje deja de ser únicamente una actividad dentro de los cuadernos y los libros para convertirse en una experiencia que se observa, se toca, se comparte y se recuerda.
Una escuela pequeña con grandes aprendizajes
La realidad del Colegio Carmela Prat demuestra que el tamaño de una comunidad educativa no limita sus posibilidades de desarrollar experiencias significativas. En su aula multigrado, la convivencia entre estudiantes y el trabajo colaborativo forman parte de una dinámica que favorece la participación, la responsabilidad y el respeto mutuo.
El contacto con la naturaleza también contribuye al bienestar socioemocional, ofreciendo espacios para compartir, expresarse y aprender a cuidar tanto el entorno como a las personas que forman parte de él.
Cada tarea realizada en el huerto representa una oportunidad para fortalecer la autonomía y la confianza de los estudiantes, quienes pueden reconocer el resultado concreto de su dedicación y comprender que cada integrante cumple un papel importante en el trabajo colectivo.
Excelencia académica que acompaña el compromiso educativo
A este trabajo se suma un importante reconocimiento para la comunidad escolar: desde 2026, el Colegio Carmela Prat cuenta con excelencia académica, distinción vinculada a los buenos resultados obtenidos en las evaluaciones SIMCE de 2024 y 2025.
Este antecedente se suma a una propuesta educativa que busca integrar los aprendizajes curriculares con experiencias prácticas, el cuidado del medioambiente y la valoración de la identidad local.
En Chañaral de Carén, seis estudiantes, junto a su profesor Eduardo Pérez Tapia, muestran cómo una escuela rural puede transformar su entorno en una oportunidad permanente para aprender. En cada semilla sembrada y en cada planta cuidada existe una lección que va más allá de los contenidos escolares: la importancia de proteger la naturaleza, valorar el trabajo compartido y reconocer las raíces que unen a una comunidad con su tierra.
Porque en el Colegio Carmela Prat, el huerto no solo ayuda a cultivar plantas. También contribuye a formar personas conscientes de su entorno, comprometidas con su comunidad y capaces de comprender que cuidar la tierra es, en definitiva, cuidar el futuro.
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