Aumentan hectáreas de mandarinas y clementinas de exportación en Monte Patria

Juan Enrique Prohens es parte de una revolución que le está cambiando la cara al Norte Chico. Es un movimiento silencioso, eso sí. Huertos de clementinas y mandarinas se están tomando zonas como Vicuña o Monte Patria. Tradicionales productores de uva de mesa y pisquera están plantando cítricos.

“Hace seis años como empresa teníamos 14 hectáreas de clementinas, hoy vamos en 170 hectáreas de cítricos. Hay zonas de la Región que están entre las mejores del mundo para lograr alta calidad. Además hay un mercado demandante”, explica el gerente comercial-operaciones y director del grupo Prohens Sommella.

El holding familiar no solo ha plantado los pequeños cítricos, también ha invertido fuerte en infraestructura de procesamiento. En Flor del Valle, comuna de Monte Patria, el año pasado inauguraron un packing especializado en clementinas. El monto destinado fue importante: US$ 2,5 millones. Los cítricos permiten una alta automatización y los Prohens dedicaron una parte importante de los recursos a comprar maquinaria para procesar y embalar.

Alfonso Artigues tiene una larga historia en la producción de uva de mesa y pisquera en el valle del Limarí. Sin embargo, está recortando la superficie de la última y creciendo en clementinas, mandarinas y naranjos. Ya suma casi 65 hectáreas de cítricos.

“Cuesta encontrar trabajadores y los cítricos requieren de muchas menos horas-hombre que las uvas”, explica Artigues.

Las mandarinas y las clementinas se han vuelto muy interesantes para los agricultores. No solo por el tema laboral. La activa demanda de Estados Unidos ha llevado a rentabilidades interesantes, que en casos de alta productividad rivalizan con los de la uva de mesa. Las inversiones para levantar un huerto de cítricos además son bastante más acotadas.

“Hay variables nuevas que aumentaron su atractivo en los últimos años. Los agricultores del Norte Chico vienen golpeados por la sequía y las complicaciones económicas que trajo. Los huertos de mandarinas y clementinas requieren de una inversión inicial menor que la uva de mesa, lo que es muy interesante para los productores con menores superficies”, sostiene José Corral, encargado de la exportadora Subsole para la Región de Coquimbo.

Incluso, el clima mundial ha jugado a favor de Chile, pues Florida, el principal productor de cítricos de Estados Unidos, ha enfrentado varias temporadas de súper tormentas que han derribado parte de sus huertos y aumentado la carga de enfermedades en los meses siguientes.

De hecho, solo en clementinas y mandarinas se estima que se plantan cerca de 500 hectáreas anuales en la actualidad.

Una cifra más que interesante considerando que su corazón productivo está afincado básicamente en los valles de Elqui y Limarí, zonas semi-desérticas y con poco terreno disponible.

Reemplaza snacks

“La preocupación por la alimentación sana ha elevado el interés por las mandarinas y clementinas. Hay un nicho muy interesante en las colaciones escolares. De hecho, nosotros plantamos clementinas tempranas pensando que lleguen a Estados Unidos en la parte final del año escolar. Además, en ese momento encontramos el mercado más despejado. No sacas nada con tener un excelente producto si no hay quien lo demande”, afirma Juan Enrique Prohens.

Por su tamaño y facilidad para pelar, los pequeños cítricos dulces pueden reemplazar a los snacks, explica el ejecutivo.

Adicionalmente, el mercado norteamericano, al que se va casi el 90% de las exportaciones de esas frutas, aprueba la calidad que viene desde Chile. En el Norte Chico la alta luminosidad permite lograr colores intensos y la acumulación térmica logra cítricos de alto dulzor.

“En el Limarí o Elqui tenemos uno de los mejores lugares del mundo para la producción de mandarinas y clementinas. Hay que sacarle el máximo provecho posible”, afirma María Inés Figari.

Eso sí, no todo el norte está llamado a producir cítricos. El principal freno son los suelos. La acumulación de boro en el valle de Copiapó ha resultado hasta ahora un freno a la expansión de las mandarinas y clementinas. Todavía hay trabajo por hacer en la búsqueda de patrones resistentes a ese tipo de elementos.

En todo caso, interés no falta. Incluso en zonas tan alejadas como Azapa, en la Región de Arica y Parinacota. Hace cuatro años, Agrícola Piemonte, de la familia Lombardi, plantó ocho hectáreas de cítricos para reemplazar olivos.

“Ha sido un proceso más complejo de lo que pensamos inicialmente, por la salinidad que existe acá. Estamos trabajando en el tipo de patrones que funcionan mejor”, explica Gianfranco Lombardi, gerente de operaciones de Agrícola Piemonte.

Mayor mecanización

Uno de los grandes atractivos de los cítricos para los agricultores, es que se trata de un sector menos demandante de capital que la uva de mesa, el histórico rubro nortino.

“Aunque en mi experiencia la rentabilidad es menor a la de la uva de mesa, la inversión inicial es de solo un tercio”, explica Alfonso Artigues.

El agricultor agrega que ya al tercer año se comienza a lograr un volumen de producción interesante.

Si se tiene en cuenta que la última sequía dejó a muchos productores con problemas de caja, la posibilidad de reconvertirse a las clementinas y mandarinas es un paso seguro.

“Hay que tener en cuenta que en el caso de las uvas de mesa, los supermercados prefieren las nuevas variedades. Por ellas hay que pagar la propiedad intelectual y seguir una serie de pautas comerciales. En cambio, con los cítricos hay una oferta libre en los viveros. Todo es mucho más simple, lo que es valorado por los pequeños productores, que tienen menos recursos financieros y humanos para subirse a ese carro”, afirma José Corral.

Además, una vez que se entra en operaciones, la demanda por capital de trabajo también es menor. Una hectárea de uva de mesa requiere de casi 1.600 horas hombre durante un año, mientras que mandarinas y clementinas ronda las 600 a 800 horas hombre. Los cítricos requieren de menos podas y no necesitan labores costosas como el amarre de racimos, en el caso de la uva de mesa.

Según varias fuentes, el costo anual de una hectárea de cítricos ronda los US$ 14.000. Si logra una alta producción y retornos de US$ 1 por kilo, un huerto puede generar cerca de US$ 40 mil por hectárea.

“Una de las cosas que hemos aprendido los fruticultores con las crisis es que es conveniente tener los menores costos posibles. Es la única variable que podemos controlar para asegurar la sustentabilidad financiera. En ese sentido, las clementinas y mandarinas son una alternativa muy interesante”, sostiene María Inés Figari.

Beneficio laboral

La variable laboral es un factor crítico en el impulso de las clementinas y mandarinas. Su influencia va mucho más allá de los costos. Hay coincidencia en la zona norte de que cada vez hay menos acceso a mano de obra en áreas rurales.

Tanto en las labores del huerto durante el año como en la cosecha y el posterior procesamiento y embalaje en los packing, las clementinas y mandarinas tienen un alto grado de mecanización. Las estimaciones de los agricultores nortinos es que en los próximos años, en la medida que el país aumente su nivel de desarrollo, la falta de trabajadores en el campo se agudizará. Por eso, los cítricos corren con ventaja en el largo plazo.

Adicionalmente, su producción parte en el otoño, una vez que ya terminó la cosecha de la uva de mesa.

“Las clementinas nos han permitido mejorar el desempeño laboral, incluso en otros rubros. Nos permite retener a los trabajadores más talentosos, pues podemos ofrecerles trabajo por más semanas durante el año. De hecho, nuestro plan es plantar cítricos más tardíos, para así ampliar aún más nuestra ventana de producción”, sostiene Juan Enrique Prohens.

El fruticultor explica que el engarce de las clementinas con la producción de uva de mesa y pisquera les permitió dar un salto como empresa agrícola. En diciembre pasado lograron la certificación fair trade. Una de las variables claves para alcanzarla fue el bienestar de los trabajadores.

Esperando a China

A pesar del salto de las clementinas y mandarinas, todavía queda un par de tareas por sacar adelante.

La primera es cuidar la calidad del producto final. A diferencia de otros frutales, los cítricos son muy proclives a cruzase con especies o híbridos de la misma familia. Un mandarino, naranjo o limonero en las cercanías puede generar pepas en las clementinas y viceversa.

Esto provoca un problema serio a las mandarinas y clementinas, posicionadas como un snack saludable: los consumidores no quieren pepas y los supermercados son rigurosos frente a la presencia de estas. Usualmente se acepta hasta 2% de presencia de pepas en una partida.

“Hay que hacer un trabajo más riguroso de aislación de los huertos. Los precios de las mandarinas y clementinas se desploman cuando se excede los niveles tolerados de pepas”, afirma Manuel José Alcaíno, presidente de Decofrut.

Otro punto clave es lograr la apertura sanitaria de China a los cítricos chilenos. Actualmente, las exportaciones están concentradas en Estados Unidos. Con las nuevas hectáreas que están entrando en producción, se hace urgente evitar una saturación del mercado sudamericano.

Actualmente, el gobierno chileno está negociando la apertura sanitaria de las peras en China.

“El ministro de Agricultura, Antonio Walker, tiene clara la importancia que tienen los cítricos para el futuro de la agricultura nortina. Esperamos que exista la decisión política para que una vez que se cierren las peras, se parta con la negociación de los cítricos”, sentencia María Inés Figari.

En tanto, Ronald Bown, presidente de la Asoex, explica que una vez lograda la apertura de las peras “se iniciarán las gestiones para los cítricos”.

El dirigente exportador explica que el proceso de ingreso de una nueva fruta puede durar entre tres y cuatro años. Además se debe tener presente que las negociaciones con las autoridades fitosanitarias de China se realizan producto a producto.

“El mercado chino es un interesante mercado para los cítricos chilenos, debido al aumento en el consumo y la gran demanda por alimentos que origina el país con la mayor población del mundo… No nos referiremos solo a clementinas y mandarinas, ya que también nuestras naranjas y especialmente los limones tienen un alto potencial en el mercado chino”, sentencia Bown.

(Fuente El Mercurio)

       



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